¿Qué es el ayuno con agua?
El ayuno con agua es una forma de ayuno en la que la persona consume únicamente agua natural y se abstiene de todo alimento y bebida calórica durante un periodo determinado, que suele ir desde 24 horas hasta varios días. Es una de las formas más antiguas y mejor estudiadas del ayuno terapéutico, practicada durante siglos en distintas culturas con fines tanto espirituales como de salud.
Puntos clave
- El ayuno con agua consiste en consumir solo agua durante un periodo definido, sin ningún alimento ni bebida calórica.
- Los ayunos de más de 48 horas conllevan riesgos importantes y deberían realizarse bajo supervisión médica.
- El control de los electrolitos y una realimentación adecuada son consideraciones de seguridad esenciales en cualquier ayuno con agua de más de 24 horas.
- El ayuno con agua puede favorecer la autofagia, mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la inflamación, pero hace falta más investigación en humanos.
Cómo funciona el ayuno con agua
Durante un ayuno con agua, el cuerpo atraviesa una secuencia predecible de cambios metabólicos a medida que se adapta a la ausencia de combustible entrante. En las primeras 12 a 24 horas, el cuerpo agota sus reservas de glucógeno, que son cadenas de moléculas de glucosa almacenadas en el hígado y los músculos. Cada gramo de glucógeno está unido a unos tres gramos de agua, por lo que esta fase inicial suele provocar una pérdida de agua notable y la correspondiente bajada en la báscula.
Una vez que el glucógeno está prácticamente agotado, el hígado empieza a convertir los ácidos grasos en cuerpos cetónicos mediante un proceso llamado cetogénesis. Las cetonas sirven como combustible alternativo para el cerebro y otros órganos. Entre las 24 y las 48 horas de un ayuno con agua, los niveles de cetonas en sangre aumentan de forma considerable y el cuerpo se vuelve cada vez más eficiente usando la grasa como energía. A este estado metabólico se le conoce como cetosis.
Más allá de las 48 a 72 horas, el cuerpo entra en un estado de ayuno más profundo. Las investigaciones sugieren que el ayuno prolongado activa la autofagia, un proceso de limpieza celular en el que las células descomponen y reciclan proteínas y orgánulos dañados. Se cree que la autofagia desempeña un papel en la reparación celular, la función inmunitaria y, posiblemente, la longevidad, aunque gran parte de esta investigación se ha realizado en modelos animales y se necesitan más estudios en humanos para confirmar estos hallazgos.
A lo largo del ayuno, los niveles de insulina se mantienen muy bajos, el glucagón sube y el cuerpo recurre cada vez más a sus reservas de energía almacenadas. El sistema nervioso se adapta a usar las cetonas, y muchas personas describen una sensación característica de claridad mental una vez superado el periodo inicial de adaptación.
Ayuno con agua y ayuno intermitente
El ayuno con agua y el ayuno intermitente son prácticas relacionadas pero distintas. El ayuno intermitente suele referirse a la alternancia diaria o semanal entre periodos de comida y de ayuno, y los protocolos más populares implican ventanas de ayuno de 12 a 20 horas. El ayuno con agua, en cambio, suele referirse a ayunos continuos de 24 horas o más, que a veces se extienden a 3, 5 o incluso 7 días.
Muchas personas usan el ayuno intermitente como práctica diaria de estilo de vida y reservan el ayuno con agua para un uso puntual y menos frecuente. Por ejemplo, alguien podría seguir un patrón diario de alimentación 16:8 y hacer un ayuno con agua de 48 horas una vez al mes. Este enfoque permite acceder con regularidad a los beneficios a corto plazo del ayuno diario, accediendo de vez en cuando a los estados metabólicos más profundos que solo los ayunos largos pueden activar.
Es importante entender que el ayuno con agua es bastante más exigente para el cuerpo que el ayuno intermitente habitual. Los riesgos de desequilibrio electrolítico, pérdida muscular, deshidratación y complicaciones de la realimentación aumentan de forma notable con cada día adicional de ayuno. Por eso, los ayunos con agua de cierta duración deben abordarse con cautela y, en lo posible, con orientación profesional.
Beneficios del ayuno con agua
- Activación de la autofagia: el ayuno con agua prolongado parece ser uno de los desencadenantes naturales más potentes de la autofagia, el proceso del cuerpo para eliminar componentes celulares dañados. Se cree que este mecanismo de reciclaje celular contribuye a una mejor salud celular y podría tener implicaciones en el envejecimiento y la prevención de enfermedades.
- Mejora de la sensibilidad a la insulina: al mantener los niveles de insulina extremadamente bajos durante un periodo prolongado, el ayuno con agua puede ayudar a reajustar la sensibilidad a la insulina. Esto puede ser especialmente beneficioso para quienes tienen resistencia a la insulina o síndrome metabólico.
- Reducción de la inflamación: varios estudios han observado descensos en los marcadores de inflamación sistémica durante el ayuno con agua, incluidas reducciones de la proteína C reactiva y otras citoquinas inflamatorias. Una inflamación crónica más baja se asocia con un menor riesgo de muchas enfermedades.
- Marcadores cardiovasculares: algunas investigaciones han mostrado mejoras en la presión arterial, los niveles de triglicéridos y el colesterol total tras periodos de ayuno con agua supervisado, aunque estos efectos pueden no mantenerse a largo plazo sin cambios dietéticos continuados.
- Reinicio mental: muchos practicantes afirman que el ayuno con agua supone un reinicio psicológico, que rompe los patrones de alimentación habituales y aporta una mayor conciencia de las señales de hambre y saciedad, lo que puede mejorar los hábitos alimentarios una vez terminado el ayuno.
Riesgos y consideraciones
El desequilibrio electrolítico es uno de los riesgos más graves del ayuno con agua. Los niveles de sodio, potasio y magnesio pueden caer a valores peligrosos durante ayunos prolongados, lo que puede provocar calambres musculares, arritmias cardíacas, mareos y, en casos graves, eventos cardíacos. Algunos profesionales sanitarios recomiendan suplementar con electrolitos durante ayunos de más de 24 horas, aunque esto técnicamente modifica el protocolo estricto de solo agua.
El síndrome de realimentación es una afección potencialmente mortal que puede aparecer cuando se reintroduce la comida demasiado rápido tras un ayuno prolongado. Cuando el cuerpo recibe de golpe carbohidratos tras un ayuno prolongado, los picos de insulina pueden provocar desplazamientos rápidos de fósforo, potasio y magnesio desde el torrente sanguíneo hacia las células, lo que da lugar a niveles séricos peligrosamente bajos. Este riesgo aumenta con la duración del ayuno y es la razón principal por la que los ayunos de más de 48 a 72 horas requieren supervisión médica.
La pérdida muscular es otra preocupación. Aunque el cuerpo quema grasa de forma preferente durante el ayuno, se produce algo de degradación de proteínas para aportar aminoácidos para la gluconeogénesis. Los ayunos con agua prolongados sin ninguna ingesta de proteínas provocan cierto grado de pérdida de tejido magro, especialmente si la persona no cuenta con reservas de grasa sustanciales.
El ayuno con agua está contraindicado en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, en menores de 18 años, en personas con diabetes tipo 1, en quienes tienen trastornos de la conducta alimentaria, en cualquier persona con bajo peso y en quienes toman medicamentos que requieren ingesta de alimentos. Las personas con gota también deben tener precaución, ya que el ayuno puede aumentar temporalmente los niveles de ácido úrico.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo se puede ayunar con agua de forma segura?
La duración segura de un ayuno con agua depende de tu salud general, tu composición corporal y tu experiencia con el ayuno. Los ayunos cortos con agua de 24 a 48 horas suelen poder hacerse en casa por adultos sanos que se mantengan bien hidratados y escuchen a su cuerpo. Los ayunos de 3 a 5 días conllevan riesgos sensiblemente mayores y, en lo posible, deberían realizarse bajo la orientación de un profesional sanitario que pueda controlar los electrolitos y los signos vitales. Cualquier ayuno de más de 5 días solo debería hacerse en un entorno clínico con supervisión médica profesional. Sea cual sea la duración, debes romper un ayuno con agua de inmediato si sufres mareos intensos, desmayos, dolor en el pecho, confusión o vómitos persistentes.
¿Qué se puede consumir durante un ayuno con agua?
En un ayuno con agua estricto solo se consume agua natural. Algunos practicantes y profesionales clínicos permiten agua mineral, o agua con pequeñas cantidades añadidas de electrolitos como sodio, potasio y magnesio, para reducir el riesgo de desequilibrio electrolítico. Esto es especialmente habitual en entornos con supervisión médica. El café, el té, el zumo, el caldo y todas las demás bebidas con calorías o compuestos activos quedan excluidos de un verdadero ayuno con agua. El volumen de agua consumida debe guiarse por la sed, pero la mayoría de los adultos deberían aspirar a beber al menos 2 a 3 litros al día para evitar la deshidratación.
¿Qué es la fase de realimentación tras un ayuno con agua?
La fase de realimentación es el periodo crítico de reintroducir gradualmente la comida tras completar un ayuno con agua. Su importancia no se puede subestimar, sobre todo tras ayunos de más de 48 horas. Empieza con pequeñas cantidades de alimentos fáciles de digerir, como caldo de verduras diluido, verduras bien cocidas o porciones pequeñas de fruta. Evita las comidas copiosas, los alimentos con mucho azúcar y los alimentos procesados durante los primeros días. Una pauta general es dedicar a la fase de realimentación aproximadamente la mitad de la duración del ayuno. Por ejemplo, tras un ayuno con agua de 4 días, dedica al menos 2 días a reintroducir los alimentos poco a poco antes de volver a comer con normalidad. Vigila síntomas como hinchazón, latidos acelerados o edemas, que podrían indicar complicaciones de la realimentación.
Aviso médico: este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no constituye un consejo médico. Consulta siempre a un profesional sanitario cualificado antes de comenzar cualquier régimen de ayuno.
Fuente: Li, C. et al. (2023). Intermittent Fasting and Metabolic Health. Nutrients, 15(4), 1054. Ver el estudio